jueves, 14 de junio de 2012

MANIFIESTO POR UNA PATERNIDAD RESPONSABLE, EQUITATIVA Y LIBRE DE VIOLENCIA HACIA NUESTRAS FAMILIAS

Antecedentes

Cada vez más papás asumen relaciones sin violencia en la pareja, y negocian y tratan los conflictos con los hijos de una manera equitativa. Por el contrario, también es frecuente que otros papás agredan a sus parejas, hijas e hijos, tanto física como verbalmente.
Al divorciarse o separarse, muchos papás asumen la responsabilidad de brindar recursos económicos a los hijos, así como tiempo, cercanía y comunicación con ellas y ellos. Pero también, es frecuente que algunos hombres no den la pensión  gastos económicos, e incluso abandonen económica, afectiva y físicamente a sus hijos e hijas.
Hay papás que se informan sobre la sexualidad segura y responsable, que respetan los derechos sexuales y reproductivos de las y los jóvenes y procuran una comunicación constante con ellos y ellas. Pero hay papás que no se informan sobre la sexualidad, hacen juicios, descalifican y se muestran temerosos ante la vida sexual de sus hijos e hijas. Incluso llegan a abusar sexualmente de éstos/as.
Hay papás que reconocen las diversas formas de ser papás. Respetan y apoyan a los papás gays que desean adoptar hijos e hijas, a los padres adolescentes, a los papás indígenas, a los papás afrodescendientes y a las persona adultas mayores que continúan ejerciendo la paternidad con sus nietos y nietas. Hay papás solteros que educan a sus hijos/as solos, tíos que se hacen responsables de sus sobrinos/as, padrinos que se comprometen realmente con sus ahijados/as, y otros hombres que en ocasiones hacen de figura paterna con niños, niñas y jóvenes, y que deciden asumir una responsabilidad afectiva y económica.
Por el contrario, hay papás que aún piensan que la única manera de ejercer la paternidad es dando órdenes y castigando. Piensan que solo los adultos, heterosexuales, y los mestizos tienen derecho a la reproducción. Creen que tener muchos hijos e hijas con varias mujeres, más la autoconcepción de ser proveedores (cuando lo son) es la única manera de ejercer la paternidad.
Por lo tanto, la paternidad en Perú y América Latina tiene claroscuros. Para tener una paternidad más coherente con el respeto a los derechos humanos, y con la concepción adecuada que exige la democracia, proponemos que los hombres se adhieran al siguiente:
Los hombres que tenemos hijas e hijos hacemos nuestro mejor esfuerzo para convivir con nuestras familias, pero no siempre sabemos cómo hacerlo sin dañar, o en otras ocasiones no encontramos las palabras adecuadas para expresar nuestros verdaderos sentimientos. Debido a esto creemos que necesitamos más y nuevas habilidades para consolidar las prácticas equitativas que muchos hacemos, y para cambiar aquellas en donde lastimamos.
Los hombres que tenemos hijas e hijos, o que cuidamos a niñas, niños y adolescentes (aunque no sean nuestros hijos/as biológicos/as) necesitamos:

Habilidades personales:

Aprender a generar ideas más positivas y constructivas: A veces vemos a nuestros hijos e hijas como una carga, como personas que nos molestan. Incluso, a veces también pensamos ideas destructivas sobre nuestra pareja en los conflictos. Debido a esto, requerimos aprender a pensar de una nueva manera sobre ellos y ellas. Pensar de una manera más serena, que nos permita entender que ni somos superiores a ellos por tener más edad y recursos, y que los conflictos siempre son una oportunidad para crecer.
Aprender a manejar nuestras emociones: A veces no sabemos cómo expresar lo que sentimos. El enojo es comúnmente el primer sentimiento que surge en nosotros, y después de explotar viene la vergüenza y la culpa porque llegamos a lastimar. Hay que aprender a expresar una mayor gama de sentimientos como tristeza, alegría, afecto, soledad, etc. sin maltratar a nadie, y sin esperar que nos comprendan y entiendan. Necesitamos aprender a hacernos responsables de nuestra vida emocional, y desaprender la expresión agresiva y manipuladora de los sentimientos.
Ejercitar nuevas prácticas de autocuidado y equilibrio familiar: Necesitamos aprender a cuidarnos. Dedicarnos tiempo para ir al médico, hacer ejercicios, estar atentos a nuestro peso y enfermedades. Necesitamos un sistema social y económico que no nos aleje de nuestras familias, que nos permita equilibrar las exigencias laborales y las responsabilidades familiares por igual. Los papás no somos omnipotentes ni somos héroes. Si no nos cuidamos y no equilibramos nuestras actividades, entonces deterioraremos nuestra salud y nuestra vida familiar.
Aprender a entendernos de forma profunda: Es importante reconocer aquello positivo que vivimos con nuestros padres en la infancia y adolescencia, y reconocer y reflexionar sobre aquello que nos dañó. Ello con el fin de mejorar el ejercicio de nuestra paternidad. Si entendemos las experiencias que tuvimos como hijos, podremos aclarar nuestras carencias y fortalezas de nuestras actuales paternidades.

Aprender a comunicarnos: Necesitamos recuperar una narrativa que hable de nuestras vivencias alejadas del poder, y más apegadas a nuestras realidades. Aprender a elegir las palabras adecuadas, los momentos importantes para trasmitir valores y mensajes amorosos y éticos a nuestros hijos e hijas. Ni gritas, ni regañar, ni amenazar sirve. Requerimos aprender a escuchar de forma profunda, ya sea de manera activa o en silencio, y expresar de forma directa y amable lo que nos preocupa y los límites que necesitamos. Sólo oyendo de esta manera, podremos hablar desde nuestro corazón.

Habilidades relacionales:

Requerimos aprender a relacionarnos con equidad con nuestra pareja: Construir relaciones equitativas con nuestra pareja implica reconocer en qué momentos abusamos del poder, y aprender a detener esas prácticas. Implica validar el enojo de la pareja, su trabajo, las decisiones que toma sobre su dinero, y respetar su cuerpo y las decisiones que tome sobre él. También implica comunicar lo que no nos gusta y establecer límites sin dañar, y acordar cómo queremos educar a las hijas y los hijos. Finalmente, es importante reconocer los esfuerzos que mi pareja realiza al cuidar a mis hijos/as.
Necesitamos reconocer los derechos humanos de nuestros hijos e hijas: Los hijos e hijas crecen. Por ello requerimos tener una concepción dinámica de la paternidad. La única guía que puede garantizar que los acompañemos en el camino a ser ciudadanos plenos, es la educación en el reconocimiento pleno de sus derechos humanos. Por eso, como papás es importante brindar un nombre, una familia, relaciones saludables, amorosas y afectivas, y apoyo económico en diversos ámbitos y momentos de su vida.
Requerimos aprender a respetar las amistades de nuestros hijos e hijas: Necesitamos conocer las amistades de los hijos e hijas. Tener un acercamiento con disposición de escucha y aprendiendo a observar en silencio. Aceptar amistades diferentes y entender que a través de los otros y otras, nuestros hijos/as también se encuentran a sí mismos. Eduquemos para que nuestras hijas e hijos puedan diferenciar entre personas que pueden lastimar, y quienes nutren y crecen en la verdadera amistad.

Asumir nuestras responsabilidades:

Responsabilidad sobre la manutención económica de nuestras hijas e hijos: Los papás requerimos entender que el tener hijos e hijas es un compromiso de por vida. Y que tenerlos implica hacernos responsables de los gastos económicos que ellas y ellos requieren. Aunque nos hayamos separado o divorciado de la pareja, los niños y niñas que concebimos son nuestros hijos e hijas, y generan gastos que tenemos que cubrir por medio de una pensión mensual digna y justa. Esa es nuestra responsabilidad.
Responsabilidad sobre el trabajo doméstico: El lavar los utensilios y la ropa que usamos, el tender la cama en al que dormimos, el limpiar el piso que ensuciamos, el lavar el vaso de agua donde bebemos también es un ejemplo que educa a los hijos e hijas para ser autosuficientes. Si ellos y ellas ven que lo hacemos, también lo harán cuando sean adultos y adultas. Si queremos una sociedad justa, asumir la responsabilidad sobre el trabajo doméstico es un paso a la equidad en el hogar. 
Responsabilidad para informarnos sobre nuevos riesgos de la salud mental de nuestros hijos/as: Nuestros hijos e hijas viven nuevas problemáticas emocionales: trastornos en la alimentación, enfermedades emocionales, acoso por parte de sus pares (bullying), autoflagelaciones, depresiones, suicidios, etc. que llegan a afectar sus vidas. Es importante informarnos para tener un punto de vista que oriente a nuestros hijos/as, que les permite tener claridad ante estas realidades, pues pueden vivir una de éstas, o tener compañeros/as o amigos/as que vivan dichas experiencias. 
Responsabilidad para informarnos sobre la violencia social que afecta a nuestros hijos/as: Nuestros hijos e hijas viven nuevas situaciones de riesgo en la sociedad: violencia en las escuelas, drogadicción y alcoholismo, violencia en el noviazgo, trata de personas y explotación sexual comercial, secuestro, delincuencia. Pornografía infantil, acoso y abuso sexual, etc que los vulnera en un país cada vez más inseguro. Es importante hacer redes, mantener la comunicación y saber qué hacer ante situaciones que pueden dañar a nuestras familias.
Responsabilidad para informarnos sobre el ejercicio responsable y placentero de la sexualidad: Nuestros hijos e hijas viven una sexualidad a edades muy tempranas como en la adolescencia. Es nuestra responsabilidad estar informados sobre el significado de la sexualidad, las infecciones de transmisión sexual, los métodos anticonceptivos, y en general orientar a nuestros hijos y nuestras hijas en el ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos. Sólo así se evitarán riesgos como embarazos adolescentes, infecciones de transmisión sexual, abuso sexual entre otros problemas.

No discriminar y respetar la diversidad social:


Involucrarnos en el respeto a nuevas maneras de ejercer la paternidad: Cada vez hay más hombres que deciden ejercer la paternidad y no son padres biológicos de las niñas o niños. Y hay niñas/os que piden un hogar cálido, y vínculos afectivos de amor estables y duraderos. Por ello, es importante reconocer nuevas formas de ejercer la paternidad: papás gays, papás adoptivos, papás adolescentes, papás de la tercera edad  que asumen el cuidado de sus nietos, tíos y padrinos que cuidan y orientan a sus sobrinos/as y ahijados/as. Sólo en la diversidad y equidad podremos construir nuevas maneras de ejercer la paternidad.
Involucrarnos en el respeto a los y las jóvenes: Nuestros hijos e hijas conviven con jóvenes que tienen sus propios estilos de expresarse. Se visten diferente, escuchan música de ellas y ellos, y tienen su propia cultura y formas de organización. También las y los jóvenes tienen una visión política, social y económica del mundo; necesitan sus espacios de participación ciudadana y política. Finalmente, las y los jóvenes demandan empleos y salarios dignos que les permitan crecer profesionalmente. Los papás reconocemos las manifestaciones culturales de los y las jóvenes, su participación política y su derecho al acceso al trabajo como parte de sus derechos humanos fundamentales.
Educar sin reproducir los estereotipos de género de la masculinidad: Hay que trasmitir a nuestros hijos e hijas una visión crítica del machismo, del patriarcado y la masculinidad hegemónica: conversar con ellos sobre su ideología y cómo se reproduce en el colegio, la calle, los medio de comunicación y el trabajo a través de juegos, chistes, bromas y en muchas conductas naturalizadas, pero violentas. Hay que hablarles del daño que genera en las mujeres, en los homosexuales, en las personas transgeneristas, en los/las indígenas, en los/las afrodescendientes, en las niños y niños, y otros grupos sociales violentados históricamente. Hacer ver que no es más hombre ni más viril quien lastima a otros y otras, y que el demostrar ser muy hombre en realidad no es relevante para una sociedad diversa, incluyente y democrática. 
Demandar políticas públicas para una paternidad responsable, equitativa y libe de violencia hacia nuestras familias: Los papás exigimos a las autoridades que se elaboren políticas públicas que fomenten una paternidad equitativa alejada de la violencia contra las mujeres, hijos e hijas. La participación propositiva e incluyente de los papás siempre debe fortalecer los derechos humanos de las mujeres, los y las jóvenes, las niñas y los niños, y otros grupos sociales con menos poder. Sólo ello permitirá una sociedad democrática y el ejercicio ciudadano real de los hombres en una sociedad diversa, con familias igualitarias y libres de violencia.

Junio del 2012

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